“DesafÃos para Democratizar las Nuevas TecnologÃas: Las convergencias necesarias”
Sally Burch
Asistimos a un momento de definiciones institucionales y de las reglas del juego que tendr.n en el futuro las redes electrónicas, proceso en el cual todavÃa hay espacio para gravitar. El “V Foro de Redes de América Latina y el Caribe” tiene la oportunidad de definir estrategias en este sentido.
Por sus caracterÃsticas, las redes electrónicas tienen un gran potencial para favorecer la integración en el plano nacional y regional; ello plantea desafÃos a los Estados, a los nodos y a otros sectores sociales para impulsar un desarrollo autóctono.
Partiendo de la experiencia de ALAI en el campo de la información y de la promoción entre sectores ciudadanos del uso de las redes electrónicas, la ponencia hace diversas contrataciones relacionadas con las ventajas y las dificultades que encuentran estos sectores con el uso de este sistema. Destaca que el desarrollo de estas redes, en un sentido democratizador, exige enfocarlas en términos program.ticos de las iniciativas sociales y de desarrollo, y no sólo como red de computadoras.
Las reflexiones se refieren al impacto en las redes sociales, al manejo de la información y al potencial de aquellas para tender puentes entre sectores. La ponencia concluye entapizando la necesidad de concitar amplias convergencias en el plano nacional y regional, en torno a polÃticas de desarrollo de las redes y a los lineamientos para los intercambios.
DesafÃos para Democratizar las Nuevas TecnologÃas: las convergencias necesarias
Hablar de redes electrónicas, de nuevas tecnologÃas de comunicación en general, implica hablar de convergencias. Tecnológicamente, como se conoce, ellas son resultado de la convergencia de la inform.tica y las telecomunicaciones, lo cual permite no sólo que se generen nuevas posibilidades comunicativas sino que se multipliquen las potencialidades que estas tecnologÃas tenÃan previamente, dando paso a un sistema de comunicación que puede transmitir volúmenes casi ilimitados de información de manera simult.nea, multidireccional e interactiva, entre otros aspectos; y operar indistintamente a través de redes telefónicas, redes de transmisión de datos, sistemas satelitales, redes de TV cable, ondas radiales, etc.
Este nuevo sistema abre a su vez, un abanico de posibilidades para potenciar interacciones a nivel planetario, donde las convergencias tanto sociales como geogr.ficas adquieren un nivel significativo. La imagen de una telaraña cubriendo el globo terr.queo ilustra acertadamente esta nueva realidad.
El entusiasmo que ha despertado entre muchos analistas esta nueva tecnologÃa, les ha llevado a plantear que, gracias a ella, dentro de poco tiempo ser. posible lograr la igualdad para todos en materia de acceso a la información y al conocimiento, entablar di.logos mundiales y afianzar la paz planetaria (no olvidemos que algo parecido se decÃa, hace algunos años, de la televisión comunitaria, la c.mara de vÃdeo, y otras tecnologÃas que, a la postre, poco han cambiado). Sin desconocer que ese potencial existe, preferimos asumir una posición m.s cauta en vista de que cualquiera que sea la tecnologÃa, las formas que se dan a su uso dependen no tanto de la tecnologÃa en sÃ, cuanto de las fuerzas y los intereses que la manejan.
Cabe recordar que se trata de una tecnologÃa que nació en la cuna del complejo industrial-militar, que posteriormente adquirió su carta de ciudadanÃa en la comunidad académica y que hoy los m.s grandes conglomerados económicos se disputan por tenerla en su lecho, como se puede apreciar en la batalla que se libra en torno al Internet, en tanto escenario del futuro desarrollo de un mercado a escala planetaria. Al momento no est. claro quién ser. el ganador, pero de lo que no hay dudas es de que el desenlace de esta batalla por el control de las carreteras electrónicas se decidir., no precisamente en consideración de los beneficios que pueden brindar a la humanidad, sino por el juego de intereses de car.cter económico, polÃtico o geopolÃtico de los sectores de poder, donde el criterio de rentabilidad tiene un peso determinante. Lo cual no es un buen augurio para nuestros paÃses.
En este contexto, quienes creemos que es importante democratizar estas tecnologÃas, enfrentamos el desafÃo de impulsar formas de desarrollo diferentes. Veamos las implicaciones de esto y cómo encararlas.
Fase de Definiciones
La incorporación de una nueva tecnologÃa trae consigo una fase de institucionalización en la cual se establecen las reglas del juego y el car.cter de los sistemas que se impondr.n en el futuro. Tal es actualmente el caso de las redes electrónicas, pues se encuentra en curso la definición de cuestiones que tienen que ver, entre otros aspectos, con el manejo de la infraestructura y servicios de las redes electrónicas, el marco legislativo, los códigos y lenguajes, los formatos, la cultura y en general las caracterÃsticas de su uso.
A diferencia de otras innovaciones tecnológicas recientes, que han llegado a manos de la ciudadanÃa ya empaquetadas, obviando la posibilidad de que ésta pueda incidir en las formas de su desarrollo, en el caso de las redes electrónicas ocurre que, por diversas razones, entraron en escena cuando estaban en el perÃodo de “prueba”. Esto ha permitido que un conjunto de instancias ciudadanas (académicas, sociales, ONGs, etc.) no sólo han tenido acceso a esta tecnologÃa, sino que se han apropiado de espacios, desarrollado códigos, formas de uso, y en algunos casos, han participado incluso en el desarrollo e implementación de los sistemas. Es m.s, ha tenido una difusión relativamente r.pida en América Latina, comparada con otras tecnologÃas que demoraron en llegar 10, 20 años o m.s.
Debido a esta particular implantación, adem.s de las caracterÃsticas propias de esta tecnologÃa, las redes electrónicas se han desarrollado hasta ahora como un sistema abierto de comunicación, pero esto bien puede variar y convertirse en un medio de difusión centralmente controlado, como ha sucedido anteriormente con otros sistemas de comunicación, habida cuenta que las tendencias dominantes en el proceso de institucionalización est.n marcadas por la lógica del mercado.
Nos encontramos, entonces, en una coyuntura en la cual todavÃa hay espacio para gravitar en este proceso. De ahÃ, precisamente, la importancia y oportunidad de este “V Foro de Redes de América Latina y el Caribe” en tanto nos puede permitir definir estrategias para actuar en tal sentido, ya que una vez definidas las reglas del juego ser. mucho m.s complicado incidir sobre ellas.
El hecho de tener experiencia y conocimiento de este sistema significa que los sectores ciudadanos tenemos mayor capacidad para opinar y formular propuestas frente a las decisiones que se est.n tomando sobre el futuro de las redes electrónicas; pero adem.s, plantea la urgencia de asumir la defensa de las iniciativas que hemos podido desarrollar, ante el riesgo que los espacios se nos vayan cerrando.
Las anteriores constataciones apuntan a precisar la perspectiva desde la cual podemos enfocar las alternativas y de allÃ, ubicar los desafÃos que se nos plantean; situ.ndolos, obviamente, en el actual contexto mundial, caracterizado por la globalización, de la cual las nuevas tecnologÃas y técnicas de comunicación constituyen un soporte clave.
La Integración Nacional
En América Latina, el desarrollo y uso de las redes electrónicas se han orientado, ante todo, hacia el establecimiento de nexos con el exterior. No cabe duda que el acceso a los recursos de información de los paÃses centrales y la facilidad de realizar contactos fuera de la región nos traen grandes ventajas, si bien la relación se establece desde una posición periférica. Sin embargo, las grandes posibilidades que ofrece este sistema para apoyar la integración nacional y regional y para potenciar iniciativas de desarrollo, nos plantean la necesidad de redefinir las prioridades para propiciar un desarrollo de las redes m.s autóctono.
Ello exige salir de los patrones establecidos para innovar e inventar nuevas formas de implementación. Las valiosas iniciativas en este sentido que ya se han emprendido en algunos paÃses de la región pueden servir de ejemplo para aprender de sus aciertos y problemas. Situemos algunos de los desafÃos.
Primero, en el plano del desarrollo tecnológico: la decisión de desarrollar soluciones autónomas, en lugar de comprar paquetes tecnológicos diseñados por el Norte, tiene relación con el diseño de las polÃticas de Estado frente a la transferencia tecnológica. El Estado tiene que asumir responsabilidades en este plano. No olvidemos que en Estados Unidos, el Internet y sus antecedentes se desarrollaron en el medio académico, con fuertes subvenciones estatales durante un largo perÃodo. En cambio ahora, para el Sur, se pretende hacerlo en condiciones diferentes: generalmente con ausencia del Estado y bajo criterios exclusivamente mercantiles. Considerando que los principales factores en la producción, hoy en dÃa, son la información y el conocimiento, resulta impensable que nuestros Estados abdiquen de sus responsabilidades hacia el medio académico.
Segundo, los nodos o los centros de investigación tecnológica enfrentan el reto de desarrollar soluciones de conectividad y servicios adaptadas a las necesidades de cada paÃs. Algunas iniciativas ya est.n en marcha, como por ejemplo, explorar el uso de la radio para la conectividad en zonas alejadas o abandonadas; desarrollar software especÃfico; adaptar la capacitación y los manuales a los idiomas y niveles de conocimiento de los distintos sectores del paÃs; instalar puntos de acceso en lugares públicos como bibliotecas, etc.
Tercero, con respecto a los actores sociales, se plantea el desafÃo de establecer nexos con los proyectos de desarrollo, programas de estudio e investigación, iniciativas locales, sistemas de salud, bibliotecas de pueblo, redes de ONGs, coordinaciones sociales, etc. La vinculación de tales iniciativas contribuir. a democratizar el acceso a la información, a reforzar la integración nacional, a favorecer formas de desarrollo m.s equitativas; es m.s, se fortalecer. la democracia en la medida en que se tendr. una ciudadanÃa mejor informada, con mayor capacidad de participación y propuesta.
En el plano regional, asimismo, el desarrollo de polÃticas de intercambio y programas conjuntos sobre aspectos relevantes para América Latina y el Caribe, y en idiomas propios de la región, favorecer. el desarrollo de din.micas regionales en función de los intereses comunes y de los procesos de integración.
Lograr estas formas m.s autóctonas de desarrollo y uso de las nuevas tecnologÃas requiere de la voluntad polÃtica y la convergencia entre los diversos actores y sectores interesados: medios académicos, entidades gubernamentales y seccionales, ONGs, organizaciones sociales, proveedores de información, instancias de cooperación al desarrollo, etc., y por supuesto, los organismos que administran las redes electrónicas.
Los Procesos de Articulación
A partir de sus 20 años de trabajo informativo vinculado con los movimientos y redes sociales de la región y animado por un compromiso con la democratización de la comunicación, ALAI reconoce en las nuevas tecnologÃas de comunicación un instrumento valioso, de cara a los procesos de participación y desarrollo de estos actores sociales. Por ello, nos hemos empeñado activamente en propiciar la democratización de las redes electrónicas y en promover su uso por parte de estos sectores.
Esta experiencia nos ha permitido llegar a diversas constataciones de car.cter general, que tienen que ver, por una parte, con el car.cter estratégico de esta tecnologÃa para los sectores ciudadanos, y por otra, con las formas de potenciar su uso e implementación. Esta ponencia enfoca algunos de estos elementos, como aporte a la definición de polÃticas y estrategias para el desarrollo de las redes en la región.
Para desarrollar las redes en un sentido democratizador, consideramos fundamental que se las enfoque, no solamente desde la perspectiva de una red de computadoras interconectadas, sino, y sobre todo, como componentes de los procesos de articulación de las iniciativas sociales y de desarrollo. O sea, de los tres factores centrales de la comunicación electrónica -la conectividad, los contenidos y los actores- son estos últimos (las personas, instituciones, programas, que interactúan a través de las redes), los que dar.n sentido y proyección a su implementación.
Los años 90 se han caracterizado por el r.pido avance del acceso de los sectores ciudadanos a las redes electrónicas. Este hecho coincide con el afianzamiento de la llamada sociedad civil global, término que -sin pretender buscarle una definición precisa- nos sirve para identificar a un conjunto de sectores ciudadanos con creciente capacidad de influir en foros internacionales y espacios de opinión.
La posibilidad efectiva de estos sectores de actuar mancomunadamente para influir en temas de alcance internacional, pasa por su acceso a medios .giles de comunicación. Evidentemente, las redes electrónicas, por su bajo costo y dem.s caracterÃsticas que ya hemos mencionado, son un instrumento idóneo, que ha potenciado enormemente la acción de estos sectores.
Si se quiere asegurar las condiciones para que estas interacciones puedan desarrollarse y ampliarse a nuevos grupos ciudadanos, ser. importante asegurar que el futuro desarrollo de las redes electrónicas en la región no responda únicamente a las necesidades de las élites y sectores de poder económico, sino que se dé también con un sentido de servicio social.
A fin de garantizarlo, ser. necesario concitar un amplio sector de opinión en su favor. En consecuencia, quienes defendemos la democratización de las nuevas tecnologÃas tenemos una responsabilidad de sensibilizar a los sectores ciudadanos sobre el sentido estratégico de este instrumento para la vida democr.tica y de convocar convergencias en este sentido.
En efecto, no debe sorprendernos el constatar que, de manera general, estos sectores acogen las redes electrónicas con un sentido m.s bien instrumental, sin pesar debidamente el car.cter estratégico que tiene el desarrollo de este sistema desde una óptica de democratizar la comunicación. Va de por sÃ, entonces, que est.n poco conscientes de la importancia, para su futuro acceso a la redes electrónicas o a la información, de los cambios, proyectos de ley, programas de desarrollo tecnológico, polÃticas o medidas gubernamentales, que van progresivamente conformando el marco de su implementación.
Podemos, entonces, jugar un rol importante de concientización de los sectores ciudadanos y del público en general sobre estos asuntos. A su vez, los nodos de car.cter ciudadano est.n interpelados a asumir el derecho humano a la comunicación, como un derecho fundamental para el futuro desarrollo de las redes electrónicas.
El Impacto en las Redes Sociales
Los cambios globales que vivimos conllevan a las entidades de la sociedad civil a buscar, con apremio, formas para romper su aislamiento. Tanto en las esferas de actividad de las ONGs, como en el mundo académico, se vive una fase de redefinición de escenarios, que exige construir puentes, buscar conexiones y contactos, coordinar acciones, establecer programas de trabajo conjunto. Una expresión de este fenómeno es la articulación de redes, en tanto forma de articulación social horizontal y descentralizada, que permite la acción mancomunada o el intercambio, con respeto a la autonomÃa de cada componente.
Ya que el principal factor que aglutina a las redes es el flujo de información, es lógico que ellas busquen los canales de comunicación m.s efectivos. La incorporación del uso de las redes electrónicas incrementa considerablemente su potencial operativo y consolida su capacidad de tener una vigencia permanente.
Puede parecer paradójico que, cuando buscamos casos que ilustran el alcance de estos cambios, por lo general, los ejemplos que encontramos parecen banales: organizaciones que intercambian información semanalmente sobre su problem.tica; la discusión previa de la agenda de un evento; elaboración conjunto de un documento, etc. etc. Tal vez los m.s “espectaculares” son algunos casos de alertas que han suscitado apoyos masivos.
Pero esto no significa que sea algo superficial; al contrario, la fuerza de las redes electrónicas reside justamente en el hecho que r.pidamente su uso se vuelve “banal”: o sea, que comienza a ser parte de la vida, al igual que el teléfono. Lo importante son las relaciones que se establecen, los programas que se desarrollan, el aprovechamiento que se hace de la información a la cual se tiene acceso. Si la tecnologÃa se vuelve cada vez m.s invisible en estos intercambios, significa que est. cumpliendo mejor su función.
En consecuencia, una evaluación del impacto de las nuevas tecnologÃas sobre las organizaciones e intercambios ciudadanos tendr. que enfocarse, no tanto en cómo se usa la tecnologÃa, sino en cu.les son sus niveles de interacción, el uso que da a la información, y cómo todo esto incide -por bien o por mal- en sus programas de trabajo.
Citamos como ejemplo, el documento de consenso de las ONGs de la región elaborado para la Cumbre de las Américas de Miami (diciembre 1994), que fue modificado y aprobado mediante un intercambio por correo electrónico. Este proceso no fue, a lo mejor, muy visible, sin embargo, permitió que las ONGs del hemisferio, sin haberse reunido, pudieran presentar oportunamente su posición a los gobiernos, mientras los técnicos elaboraban los acuerdos oficiales. Antes de la comunicación electrónica, hubiese sido muy difÃcil de lograr.
El Manejo de la Información
Cuando una institución que se vincula a las redes electrónicas, comienza a usarlas con cierta intensidad, puede encontrar profundos cambios en su entorno cultural e informativo que le plantean nuevos desafÃos, y a menudo nuevos problemas a superar.
Entre otros aspectos, el r.pido paso de una situación de relativa desinformación, a una de sobre-información, exige respuestas en el plano estructural y operativo, mucho m.s all. de simplemente asimilar el manejo de la tecnologÃa. Por ejemplo, para poder aprovechar el acceso que dan las redes electrónicas a nuevas fuentes de información, hace falta definir mecanismos de monitores, procesamiento, selección, uso y almacenamiento de la información. Una exigencia similar se plantea ante la posibilidad de buscar en forma activa la información requerida por la entidad: poder hacerlo en forma eficiente exige un mayor nivel de aprendizaje. Mientras que la decisión de difundir información en las redes tiene también sus exigencias en términos de definir criterios, formatos, espacios, etc.
Por supuesto, incorporar estas actividades en el funcionamiento regular de una institución requiere, previamente, la definición de polÃticas, sin la cual constituir.n una nueva carga sin beneficio de inventario. Tales desafÃos pueden constituir serios cuellos de botella, cuando no se resuelven oportunamente. Por ello, a menudo encontramos que, después de conectarse a las redes electrónicas, las instituciones o organizaciones pasan por un largo perÃodo de adaptación, antes de poder aprovechar plenamente su potencial. Los nodos podrÃan asumir un rol orientador en este plano, que adem.s, les puede abrir nuevas posibilidades de ofrecer servicios competitivos.
Esta constatación conlleva también implicaciones en cuanto a la calidad de la información que se difunde en las redes; a mayor “ruido”, menor es la utilidad de la información. En este plano, tanto como en el caso de los medios impresos, la reputación y credibilidad del organismo que provee la información en lÃnea es clave. Esto plantea desafÃos, tanto a los proveedores de información, de asegurar la mayor calidad y contabilidad posible, como a los nodos, de diseñar polÃticas para conseguir fuentes de información de calidad, y para asegurar su difusión, almacenamiento y recuperación en las condiciones m.s adecuadas.
Esto se vincula, a su vez, con la necesidad de definir espacios electrónicos adecuados a los distintos tipos de actividad en lÃnea, teniendo presente que la lógica de las redes es justamente una lógica de espacios; en efecto, el ciberespacio ya es tan amplio y heterogéneo que caer fuera de lugar es como una gota que cae en el océano. Por “definir espacios”, nos referimos al perfil de participantes, al formato electrónico adecuado (lista, conferencia, p.gina Web, etc.), al car.cter del grupo (abierto, cerrado), el eje tem.tico, los proveedores de información, los animadores o facilitadores, el tipo de formato de los mensajes, el idioma, el lenguaje, etc.
Una persona o institución involucrada en un programa de trabajo o din.mica de intercambio necesita definir el entorno con el cual le es útil interactuar y el tipo de información que requiere intercambiar. Cuando el espacio se define a partir de estas necesidades concretas, por lo general contribuir. a la din.mica de manera positiva. En cambio, cuando se procede al revés, al crear un espacio electrónico para ver qué pasa y quién se asoma, hay menor probabilidad de éxito. Los nodos pueden contribuir de manera importante a la efectividad de las interacciones al ofrecer las opciones adecuadas y al dar orientación a sus usuarios al respecto.
Como ejemplo, se puede comparar los intercambios en torno a la IV Conferencia Mundial de la Mujer en las redes de APC (Asociación para el Progreso de las Comunicaciones) con los que se produjeron en varios espacios del Internet. Los primeros se enfocaron en las actividades, propuestas e informaciones de los sectores de ONGs, (sector mayoritario entre los/as usuarios/as APC), mientras que las listas en el Internet atraÃan a muchas personas que tenÃan poco conocimiento o participación en el proceso preparatorio. En este sentido, varias organizaciones directamente involucradas en el proceso encontraron los espacios en el Internet demasiado heterogéneos para que les sean muy útiles.
Tender Puentes
Mientras la definición de espacios es clave para la efectividad de los intercambios especÃficos, no es menos cierto que las din.micas pueden ser limitadas cuando se realizan únicamente en espacios cerrados sobre sà mismo.
Para superarlo, se presenta el desafÃo de generar interconexiones y construir puentes, con otros sectores y espacios afines. Y justamente las redes electrónicas, a diferencia de otros sistemas de comunicación, se prestan con mucha facilidad a ello.
Tomando el ejemplo de la investigación académica en América Latina, encontramos que crecientemente, las actividades de investigación y los programas de desarrollo se realizan desde fundaciones y centros de estudio privados. Los vÃnculos y flujos de información que se establezcan entre estos centros y las universidades pueden ser de gran beneficio para ambos, para los paÃses concernidos, y para la región, en la medida en que contribuyen a evitar la duplicación de esfuerzos, permiten cruzar metodologÃas, hacer estudios comparativos, compartir referencias bibliogr.ficas, etc. Para que este propósito pueda hacerse realidad a escala regional, se precisa definir una agenda, conjuntamente con los actores concernidos. SerÃa importante, en este sentido, que los nodos de América Latina asuman la tarea de propiciar la construcción de una agenda de intercambios académicos en el plano regional y de convocar las convergencias respectivas.
En un plano similar, la creación de espacios tem.ticos ligados al desarrollo nacional o regional, en los cuales participen también organizaciones de base, centros de apoyo, agencias gubernamentales, organismos multilaterales o programas de cooperación, puede ayudar a construir puentes entre sectores distintos, evitar la duplicación de esfuerzos y apoyar la búsqueda de consensos program.ticos.
Para estos casos, es fundamental concitar la voluntad polÃtica de quienes animar.n estos espacios, sobre todo cuando se trata de generar din.micas nuevas en torno a un espacio electrónico.
En sÃntesis, nuestro planteamiento apunta a promover una alternativa de desarrollo de las redes electrónicas en América Latina, con sentido de servicio social y en beneficio de la integración nacional y regional; vale decir, que su desarrollo no responda exclusivamente a intereses mercantiles.
Esta posibilidad pasa por la necesidad de concitar convergencias amplias, tanto en torno a las polÃticas de desarrollo de las mismas redes, como en torno a su uso.
Si las redes presentes en este Foro logramos establecer puntos de consenso frente al desarrollo del Internet en la región, podremos incidir con mayor peso en los correspondientes espacios de decisión internacional.
A nivel de las polÃticas nacionales de desarrollo tecnológico, se trata de buscar consensos entre sectores estatales, autoridades locales, el medio académico, los nodos, ONGs, la cooperación internacional, el sector privado de telecomunicaciones y otros.
En cuanto a los espacios de intercambio que se pueden propiciar a través de las redes electrónicas, se plantea el desafÃo de lograr acuerdos sectoriales e intersectoriales para estimular las interacciones y flujos de información, priorizando las din.micas nacionales y regionales.
De manera particular, se puede incentivar, por una parte, acuerdos a nivel de las instituciones académicas y de investigación de la región, para el diseño de lineamientos y polÃticas de intercambio.
Y por otra, particularmente en los espacios nacionales, se puede convocar a los organismos de desarrollo estatales o privados, entidades de investigación y las organizaciones sociales, para vincular los programas fundamentales de desarrollo que se llevan a cabo en nuestros paÃses a través de este instrumento.

